
A mi gran Amigo,
Maestro y Compañero D. Diego Hurtado
La joven Formación Profesional despertó de su largo sueño convertida en una mujer adulta y respetada por todos después de liberarse de las cadenas de la intolerancia que la tenían atada.
Como todas las batallas que se libran en una sociedad injusta que se siente amenazada y atrapada por sus propios deseos, la que emprendió esta joven por querer transformar la realidad y cambiar su destino, no resultó nada fácil, especialmente porque algunos trataron de arrinconarla silenciando sus valores.
Mientras tanto y capitaneados por nuestra heroína, profesores y alumnos de todas las generaciones, con tesón y esfuerzo, tejíamos nuestro propio futuro, y luchábamos por ocupar un sitio en esta sociedad, mientras nos empeñábamos en cambiar el rumbo de la historia. Con el adiestramiento recibido y con una pizca de suerte, pudimos hacer realidad gran parte de nuestros deseos y alcanzar nuestros objetivos, mientras conseguíamos enterrar, algunos viejos mitos y leyendas, especialmente el que hacía referencia a ……“los más tontos a F.P..”. Esa apuesta de futuro empezaba a dar su fruto y con ella conseguíamos cosechar el prestigio y el reconocimiento social que se nos negaba, y que más tarde, fuimos predicando por cada centro por donde pasábamos.
Como en casi todos los órdenes de la vida, al final la verdad y la justicia terminan por imponerse.
Gran parte de los profesores y alumnos que contribuyeron a dignificar las enseñanzas Administrativas, permanecen hoy en activo, y disfrutan del éxito obtenido, que para los primeros, no es otro que el de haber contribuido a la formación integral de sus jóvenes. Otros, sin embargo, cayeron por el camino, pero dejando tras de sí, su gran obra y el recuerdo imborrable de magníficos profesionales, amantes de su profesión, cuya gran virtud fue la de entregarnos todo su saber, como Dº José Ramos, Dº Ignacio Sola, Dª Miguela, Dº Antonio Cruz, …
Uno se siente muy orgulloso de haber pertenecido a esa generación de jóvenes estudiantes que encontró en la formación profesional el sentido de su vida. Unas enseñanzas que me lo dieron todo, incluida una maravillosa mujer salida de una obra de teatro - “Evita”-, que después cambio su papel para convertirse en mi mujer, con quien he tenido tres hijos estupendos.
Por lo demás, he de manifestar que aunque me cueste poner en orden mis recuerdos y mis sentimientos, nunca puedo olvidarme del momento mágico en que la F.P. me entrego a la mejor familia, a ese grupo que supo acogerme en su seno con los brazos abiertos desplegando hacia mi todo su cariño, y con quien viví mi mejor Adolescencia. Perdida toda objetividad, uno no puede dejar de sentir cierta predilección por algunos de sus miembros y amigos, como Juan Muro, Paco Barba, Pablo Salmerón, Antonio Trillo, Tere Biedma, Paco Pérez, Paqui Rienda, Mariano Moya, Dulce Alcaide, Mercedes, María, Puri, Diego Anguis…o Fernando Martínez, de otra promoción. Ahora, pasado todo este tiempo, me pregunto si realmente supe devolver a cada uno de ellos todo el cariño que generosamente me entregaron.
Recuerdo también con cierto escepticismo, la primera clase de Contabilidad que recibí de mi maestro Diego. Empezaba a aprender una nueva lengua, aquella que utilizaban las tribus pérdidas del Amazonas, pero a la que pronto me fui acostumbrando, adoptándola como lengua materna, y que después trate de enseñar a mi amigo Terrón cuando sus obligaciones familiares le impedían la asistencia a clase.
Por entonces no podía ni imaginarme que esa persona que apareció tan segura de sí misma y que se esforzaba por enseñarme Contabilidad, tuviera con el paso del tiempo, junto a mi “padre” Antonio Cruz, que merece un capítulo aparte, una relevancia tan importante en mi vida.
Que ese maestro que me enseñaba a realizar asientos contables o hacer balances o a cerrar los ejercicios económicos, actuara siempre conmigo como un padre responsable, que vela por el bienestar y la seguridad de sus hijos y al que uno intenta a veces, sin conseguirlo, responder con la obediencia debida.
Que esa persona atenta, honesta, generosa y leal, amante de su profesión, con toda su grandeza, pudiera ordenar mi cabeza y mis pensamientos y que con su ayuda pudiera descubrir el significado que tiene el valor del esfuerzo y la responsabilidad de mis acciones.
Que me ayudara a fijarme metas hasta alcanzarlas sin escatimar esfuerzos ni sacrificios, como la de seguir estudiando y/o la de prepararme, siempre con su inestimable ayuda y con la de Dº Gervasio Ortiz, las oposiciones de esta digna profesión administrativa, que resultó ser después una de mis grandes ilusiones.
Nunca podía imaginarme por entonces que entre nosotros naciera una hermosa y duradera amistad, que con el paso del tiempo se fortalecería, aun más, gracias a nuestra nueva condición de compañeros de trabajo.
Es desde esta posición como conseguí descubrir, en viajes de ida y vuelta a Jódar, cargados de amaneceres espectaculares, el lado más humano de Diego. Ese otro valor que, junto al profesional, lo convierten en una persona excepcional.
Durante el tiempo que estuvimos juntos, -y diecisiete años dan para mucho- hemos llenado muchas páginas del libro de nuestra vida, escritas con infinitas historias y anécdotas, la mayoría con la pluma de la alegría. Obviamente, las más importantes versan, sin ningún género de duda, sobre su familia, especialmente sobre sus hijas Consuelo y María Jesús, y sus nietos, por quienes, tomándome la libertad que no me corresponde, he de decir, siente verdadera pasión y devoción.
Otras páginas están relacionadas con sus fascinantes viajes y proyectos de futuro, sus compañeros de trabajo, sus grandes amigos o antiguos alumnos, por los que siempre ha sentido un orgullo muy especial y un respeto ejemplar. No faltan tampoco aquellas hojas dedicadas a las nuevas camadas de alumnos, por los que siempre se sintió en la obligación moral de ayudar, orientar -¡que lastima del trabajo realizado por los Departamentos de Orientación¡- e incluso, colocar.
Otros capítulos, hablan de nuestras tertulias, acerca de la vida en general, o simplemente de nuestra labor docente en Jódar; de ese trabajo realizado principalmente desde el Departamento Administrativo o desde el Equipo Directivo que formamos para impulsar nuestro Centro, fortalecer nuestras enseñanzas, y servir de puente a otros compañeros.
Y por supuesto, aquellos más íntimos que me reservo y que con llave guardo en la biblioteca de mi corazón.
Desde este momento, querido Diego, empiezo a sentir que te pierdo y que las cosas ya no volverán a ser como antes. Y eso me duele. Ya sé que soy injusto y que en esta ocasión, deberíamos compartir la misma felicidad y alegrarme infinitamente por ti y por tu familia, a la que seguro podrás dedicar más tiempo. Sé que la vida es así, que una etapa termina y que otra nueva cargada de ilusión comienza, y que todo esto no es más que el reconocimiento o el justo premio a una vida entera dedicada y entregada a los demás.
Todo eso lo sé, pero permíteme por un instante que envuelto en mi propio egoísmo y sintiéndome huérfano entre tanta gente, trate de retenerte . Se acabó, el viajar a tu lado y disfrutar contigo del paisaje y de tus largas y profundas conversaciones.
Por último, y de regreso por la senda de los recuerdos me detengo a pensar que hubiera sido de mí si no hubiera conocido a Antonio Cruz, esa persona tan cercana siempre a los jóvenes y a Dios.
Agarrado siempre de su mano fui capaz de descubrir los secretos de la vida adentrándome en un mundo nuevo. El me puso en el camino de la Formación Profesional y me entregó toda su sabiduría para no perderme .
Con todo su amor, contribuyó a fijar los cimientos de mi formación inyectándolos de los valores más importantes y seguros, sobre los que después, con mayor o menor éxito, he intentado edificar mi vida….., y la de mis hijos.
Mi gratitud hacia vosotros dos es infinita.
Gracias por haberos cruzado en mi vida, por haberme dado tanto y, muy especialmente, por haberme enseñado a vivir.
Vuestro fiel amigo,
Manolo Muñoz.
Maestro y Compañero D. Diego Hurtado
La joven Formación Profesional despertó de su largo sueño convertida en una mujer adulta y respetada por todos después de liberarse de las cadenas de la intolerancia que la tenían atada.
Como todas las batallas que se libran en una sociedad injusta que se siente amenazada y atrapada por sus propios deseos, la que emprendió esta joven por querer transformar la realidad y cambiar su destino, no resultó nada fácil, especialmente porque algunos trataron de arrinconarla silenciando sus valores.
Mientras tanto y capitaneados por nuestra heroína, profesores y alumnos de todas las generaciones, con tesón y esfuerzo, tejíamos nuestro propio futuro, y luchábamos por ocupar un sitio en esta sociedad, mientras nos empeñábamos en cambiar el rumbo de la historia. Con el adiestramiento recibido y con una pizca de suerte, pudimos hacer realidad gran parte de nuestros deseos y alcanzar nuestros objetivos, mientras conseguíamos enterrar, algunos viejos mitos y leyendas, especialmente el que hacía referencia a ……“los más tontos a F.P..”. Esa apuesta de futuro empezaba a dar su fruto y con ella conseguíamos cosechar el prestigio y el reconocimiento social que se nos negaba, y que más tarde, fuimos predicando por cada centro por donde pasábamos.
Como en casi todos los órdenes de la vida, al final la verdad y la justicia terminan por imponerse.
Gran parte de los profesores y alumnos que contribuyeron a dignificar las enseñanzas Administrativas, permanecen hoy en activo, y disfrutan del éxito obtenido, que para los primeros, no es otro que el de haber contribuido a la formación integral de sus jóvenes. Otros, sin embargo, cayeron por el camino, pero dejando tras de sí, su gran obra y el recuerdo imborrable de magníficos profesionales, amantes de su profesión, cuya gran virtud fue la de entregarnos todo su saber, como Dº José Ramos, Dº Ignacio Sola, Dª Miguela, Dº Antonio Cruz, …
Uno se siente muy orgulloso de haber pertenecido a esa generación de jóvenes estudiantes que encontró en la formación profesional el sentido de su vida. Unas enseñanzas que me lo dieron todo, incluida una maravillosa mujer salida de una obra de teatro - “Evita”-, que después cambio su papel para convertirse en mi mujer, con quien he tenido tres hijos estupendos.
Por lo demás, he de manifestar que aunque me cueste poner en orden mis recuerdos y mis sentimientos, nunca puedo olvidarme del momento mágico en que la F.P. me entrego a la mejor familia, a ese grupo que supo acogerme en su seno con los brazos abiertos desplegando hacia mi todo su cariño, y con quien viví mi mejor Adolescencia. Perdida toda objetividad, uno no puede dejar de sentir cierta predilección por algunos de sus miembros y amigos, como Juan Muro, Paco Barba, Pablo Salmerón, Antonio Trillo, Tere Biedma, Paco Pérez, Paqui Rienda, Mariano Moya, Dulce Alcaide, Mercedes, María, Puri, Diego Anguis…o Fernando Martínez, de otra promoción. Ahora, pasado todo este tiempo, me pregunto si realmente supe devolver a cada uno de ellos todo el cariño que generosamente me entregaron.
Recuerdo también con cierto escepticismo, la primera clase de Contabilidad que recibí de mi maestro Diego. Empezaba a aprender una nueva lengua, aquella que utilizaban las tribus pérdidas del Amazonas, pero a la que pronto me fui acostumbrando, adoptándola como lengua materna, y que después trate de enseñar a mi amigo Terrón cuando sus obligaciones familiares le impedían la asistencia a clase.
Por entonces no podía ni imaginarme que esa persona que apareció tan segura de sí misma y que se esforzaba por enseñarme Contabilidad, tuviera con el paso del tiempo, junto a mi “padre” Antonio Cruz, que merece un capítulo aparte, una relevancia tan importante en mi vida.
Que ese maestro que me enseñaba a realizar asientos contables o hacer balances o a cerrar los ejercicios económicos, actuara siempre conmigo como un padre responsable, que vela por el bienestar y la seguridad de sus hijos y al que uno intenta a veces, sin conseguirlo, responder con la obediencia debida.
Que esa persona atenta, honesta, generosa y leal, amante de su profesión, con toda su grandeza, pudiera ordenar mi cabeza y mis pensamientos y que con su ayuda pudiera descubrir el significado que tiene el valor del esfuerzo y la responsabilidad de mis acciones.
Que me ayudara a fijarme metas hasta alcanzarlas sin escatimar esfuerzos ni sacrificios, como la de seguir estudiando y/o la de prepararme, siempre con su inestimable ayuda y con la de Dº Gervasio Ortiz, las oposiciones de esta digna profesión administrativa, que resultó ser después una de mis grandes ilusiones.
Nunca podía imaginarme por entonces que entre nosotros naciera una hermosa y duradera amistad, que con el paso del tiempo se fortalecería, aun más, gracias a nuestra nueva condición de compañeros de trabajo.
Es desde esta posición como conseguí descubrir, en viajes de ida y vuelta a Jódar, cargados de amaneceres espectaculares, el lado más humano de Diego. Ese otro valor que, junto al profesional, lo convierten en una persona excepcional.
Durante el tiempo que estuvimos juntos, -y diecisiete años dan para mucho- hemos llenado muchas páginas del libro de nuestra vida, escritas con infinitas historias y anécdotas, la mayoría con la pluma de la alegría. Obviamente, las más importantes versan, sin ningún género de duda, sobre su familia, especialmente sobre sus hijas Consuelo y María Jesús, y sus nietos, por quienes, tomándome la libertad que no me corresponde, he de decir, siente verdadera pasión y devoción.
Otras páginas están relacionadas con sus fascinantes viajes y proyectos de futuro, sus compañeros de trabajo, sus grandes amigos o antiguos alumnos, por los que siempre ha sentido un orgullo muy especial y un respeto ejemplar. No faltan tampoco aquellas hojas dedicadas a las nuevas camadas de alumnos, por los que siempre se sintió en la obligación moral de ayudar, orientar -¡que lastima del trabajo realizado por los Departamentos de Orientación¡- e incluso, colocar.
Otros capítulos, hablan de nuestras tertulias, acerca de la vida en general, o simplemente de nuestra labor docente en Jódar; de ese trabajo realizado principalmente desde el Departamento Administrativo o desde el Equipo Directivo que formamos para impulsar nuestro Centro, fortalecer nuestras enseñanzas, y servir de puente a otros compañeros.
Y por supuesto, aquellos más íntimos que me reservo y que con llave guardo en la biblioteca de mi corazón.
Desde este momento, querido Diego, empiezo a sentir que te pierdo y que las cosas ya no volverán a ser como antes. Y eso me duele. Ya sé que soy injusto y que en esta ocasión, deberíamos compartir la misma felicidad y alegrarme infinitamente por ti y por tu familia, a la que seguro podrás dedicar más tiempo. Sé que la vida es así, que una etapa termina y que otra nueva cargada de ilusión comienza, y que todo esto no es más que el reconocimiento o el justo premio a una vida entera dedicada y entregada a los demás.
Todo eso lo sé, pero permíteme por un instante que envuelto en mi propio egoísmo y sintiéndome huérfano entre tanta gente, trate de retenerte . Se acabó, el viajar a tu lado y disfrutar contigo del paisaje y de tus largas y profundas conversaciones.
Por último, y de regreso por la senda de los recuerdos me detengo a pensar que hubiera sido de mí si no hubiera conocido a Antonio Cruz, esa persona tan cercana siempre a los jóvenes y a Dios.
Agarrado siempre de su mano fui capaz de descubrir los secretos de la vida adentrándome en un mundo nuevo. El me puso en el camino de la Formación Profesional y me entregó toda su sabiduría para no perderme .
Con todo su amor, contribuyó a fijar los cimientos de mi formación inyectándolos de los valores más importantes y seguros, sobre los que después, con mayor o menor éxito, he intentado edificar mi vida….., y la de mis hijos.
Mi gratitud hacia vosotros dos es infinita.
Gracias por haberos cruzado en mi vida, por haberme dado tanto y, muy especialmente, por haberme enseñado a vivir.
Vuestro fiel amigo,
Manolo Muñoz.
