Cómo no acudir a tu convocatoria del día 30 de enero de 2010. Ha transcurrido tanto tiempo desde que estábamos en el Paseo Mercado en la vieja Escuela de Maestría Industrial… Han ocurrido tantos sucesos, a nivel individual y en la sociedad que nos ha visto crecer… Hace tanto que no veo a compañeros y compañeras procedentes de distintos puntos de la provincia; que no podría dejar pasar esta oportunidad que me ofreces para encontrarme contigo y con todos los que acudan a ese encuentro.
Supongo que para ti será de una gran satisfacción encontrarte con una representación (pues con todos sería muy difícil) de los alumnos y alumnas que en tu larga y fructuosa trayectoria como docente, hemos pasado por tus aulas.
Porque, en realidad, nosotros somos en parte el fruto de tu importante labor profesional. Gracias a ti y a otros como tú, la mayoría de nosotros, llegamos a construir los cimientos de nuestra vida. De lo que hoy es nuestra profesión o carrera profesional.
A mí me quedan muy gratos recuerdos de aquella etapa de mi vida. Edad adolescente en la que en todos nosotros se estaba produciendo ese tránsito de niños y niñas a hombres y mujeres.
En aquellos tiempos en los que mediaba la década de los 70, en momentos tan convulsos y apasionantes a la vez. En éstos, se abría ante nosotros un mundo lleno de descubrimientos y oportunidades, tanto en el plano social como en el laboral.
Yo soy de esa generación que experimentó la gran transformación de la realidad socio-política española a la vez que la propia construcción personal. Aquella primera promoción de estudiantes de la Rama Administrativa que, además de Úbeda y alrededores, también procedíamos de lugares como: Siles, Orcera, Torres de Albanchez, Santiago de la Espada, Campillo de Arenas, Mancha Real, etc. Que vivíamos durante el curso en residencias religiosas y regresábamos cada quince días a nuestros pueblos a ver a la familia, a lavar la ropa o, en algunos casos, echar ese “jornalillo” en la aceituna que nos permitiera durante la semana ver la última película de estreno en el “Ideal Cinema” o sufragar algún gasto extra.
Cómo olvidar aquellos momentos tan entrañables, a veces, que pasábamos, junto a la estatua de San Juan de la Cruz o junto a la iglesia de San Pablo, de tertulia con los compañeros o tocando la guitarra.
Cómo olvidar aquellos otros no tan agradables en los que entraba en clase el profesor de Matemáticas D. Miguel Sánchez Díaz (D.E.P.). Se suspiraba con alivio cuando abría el cuaderno de notas y sacaba al compañero o compañera que, por orden alfabético, iba después de uno. Eso significaba que tenía un día más para pasar esa terrible prueba de fuego que era salir a la pizarra y jugarme la nota de toda la evaluación o una parte importante de la misma.
Cómo no recordar a aquellos profesores de los que formaban equipo educativo contigo, (algunos ya tristemente desaparecidos) de los que tanto aprendimos. Me vienen a la memoria nombres tales como: D. Ignacio Sola, D. Gervasio Ortiz, D. Juan Lerma, D. Antonio Peñas, Dª Mª Luisa Dueñas, D. Francisco Poveda, D. Diego Fernández, Dª Rosario Martínez Martell (aún en activo)…
Yo, especialmente, he tenido la gran suerte de ser alumno de todos ellos y posteriormente su compañero.
A todos ellos y a ti os doy las gracias ya que os debo parte de lo que ahora soy. Con vosotros me inicié en mi primera profesión y fuisteis la base que después me formó mi posterior hábito de estudio y creó en mí la necesidad de perseguir nuevos horizontes académicos y profesionales.
Un abrazo
PEPE GONZÁLEZ FERNÁNDEZ
