Me piden un artículo, para esta ocasión tan especial, y lo comienzo con un argot taurino, ya que lidiar con los alumnos, seguro que no es tarea fácil; y aunque no sé si estaré a la altura de las circunstancias, para ello, quiero con él rendir mi pequeño homenaje, a Diego Hurtado, ante todo una gran persona y extraordinario profesor.
Mis recuerdos, aunque un poco perdidos en la memoria, no cabe duda que los conservo con cariño. Cuando terminé mis estudios de primaria, en el Colegio de la Milagrosa de Úbeda, todo apuntaba a estudiar el bachillerato que en esa época se hacía, lo cual me recomendaron, pero dado a que las circunstancias familiares, no eran las adecuadas para hacer una carrera universitaria, me incliné por la Formación Profesional; Esta alternativa, tenía entre mi círculo de amistades, el calificativo de enseñanza de segunda clase, para personas que no podían, o no estaban capacitadas para otra cosa; aunque no era mi situación, no por considerarme especialmente inteligente, pero sí constante, comencé mis estudios en el centro, en la Rama Administrativa.
La denominada escuela de Maestría, situada en la Plaza Primero de Mayo o en el Paseo del Mercado, como se conocía, increíblemente bonita, y con su frente a la Iglesia Parroquial de San Pablo, una joya del gótico de nuestra Ciudad, y que, en un póster tengo siempre frente a mi mesa de trabajo en la actualidad. Con la imagen de San Juan de la Cruz en el centro, y bajo la cual, tantas veces, he pasado la hora del recreo, entre charlas y repaso de temas.
Sus escaleras anchas de mármol blanco, un poco desgastadas por el uso y sus aulas de grandes ventanales y puertas de color verde, su salón de actos y parte de sus instalaciones las recuerdo como si las estuviera viendo.
Si mis recuerdos son gratos en cuanto al recinto, qué duda cabe que aún lo son mas, hacía los profesores que en ese centro tuve la gran suerte de conocer. Como olvidar, a Don José Ramos, con su eterna sonrisa, buen ejemplo de saber estar en todo momento; a Don Ignacio Sola, con sus clases de cálculo mercantil, a veces tan temidas, y siempre serias, pero de las que aprendí muchísimo; a Don Juan Lerma, que me consta me tenía un gran aprecio y no solo daba clases sino que también, en alguna ocasión, me aconsejó a nivel personal; la verdad, es que no los he olvidado.
Pero el objeto de éste artículo, es el homenaje a Don Diego Hurtado López, hoy, tras el paso de los años, por lo menos yo así lo considero, “mi amigo Diego”.
Que puedo decir, tantas cosas…, porque su labor docente es una muestra de entrega y preocupación por cada uno de sus alumnos, y un profesor así no es fácil encontrar. Yo tuve esa suerte, y por ello siempre le estaré agradecida.
Aunque hoy puedo asegurar que no es así, en aquél tiempo su aspecto, serio y formal, me causaba mucho respeto; su forma de dar las clases era clara y concreta, y de todas ellas se podía sacar mucho partido. Los exámenes de sus asignaturas, eran quizás para mí, los más temidos, ya que por mucho que me los preparará nunca “la sacaba limpia”, todo eran errores; Recuerdo el primer examen que me corrigió, donde se leía en color rojo en el lateral derecho “44 errores”, pensé... ¿Pero qué he hecho?, luego, había menos fallos, pero siempre sacaba alguno, signos acentuación, confusiones, despistes... y en otro de ellos se leía “¡El día que no te equivoques, va a sonar las campanas de la Iglesia!”. Ante esto, aunque en un principio me desmoronaba, no sabe él cuanto bien me hizo. Aprendí a trabajar con seriedad y responsabilidad, a valorar el trabajo bien hecho, con perfección, a leer con detenimiento, a cuidar todos los detalles y a ser más honesta, formal y responsable, en todo lo que hago, según las facultades que Dios me ha dado. Eso sin duda, en parte, es fruto de su labor.
Su trato amable, su gran simpatía, sencillez y naturalidad, siempre accesible a los demás; derrochando sentido de responsabilidad y de una formalidad intachable, y su espíritu emprendedor, son entre otras muchísimas que no enumero, cualidades que hoy en día no están en alza en nuestra sociedad, y que todos deberíamos imitar o al menos intentarlo.
Quiero reiterar, mi agradecimiento y seguro que todos estaréis conmigo, en que este homenaje es lo mínimo que podemos hacer con éste GRAN PROFESOR.
